¡Qué duro es esto!
Joder, las ocho de la tarde y ya voy tajao. A este paso cuando vuelva al Sta. Elena por navidades Antonio no me va a conocer...Sé que estoy escribiendo poco, pero esque llevo un ritmo que no me deja tiempo pa ná. En teoría hoy me tenía que levantar a las 8:45 para ir a clase, pero dado que anoche no me dormí hasta las cuatro de la mañana - la noche anterior había dormido diez horas por primera vez desde que estoy aquí, que viene a ser el doble de lo que duermo habitualmente - he apagado el despertador y he seguido durmiendo. A las 9:30, quince minutos antes de que empezase la clase y justo cuándo estaba sopesando ventajas e inconvenientes de salir escopetao pa clase, mi vecino ha llamado a mi puerta para preguntarme algo. Qué me ha preguntado y cuál ha sido mi respuesta es algo que solo él sabe, yo aún estaba dormido.
El caso es que ya que estaba de pie he decidido vestirme, hacer un pis y salir pa clase sin más dilación. Huelga decir que he llegado a tiempo, y eso que me he entretenido saludando a gente por el camino...
Tras hora y media de pesadas explicaciones acerca de lo guays que son los sistemas distribuidos y lo tontos que somos los alumnos en comparación con el profesor solo interrumpidas por las estúpidas preguntas del típico friki repelente que algún día legará a ser un minglanillas de primera, he tirado para casa a hacer la comida.
Allí (o aquí, según se mire) he visto algo que me ha dejado a cuadros: El chino limpiando. Si, sí, como lo lee. Y eso no ha sido lo más flipante, cuando ha terminado de cambiar de sitio la mierda de la cocina (porque con un trapo enrollado a una escoba es lo único que se puede hacer) he pasado a hacer la comida y el tío ha entrado y ha pegado en la campana extractora un cartel que reza algo así como "Limpiar siempre la cocina después de usarla, por favor". Tiene cojones el puto chino, encima me viene y me dice que si he visto el cartel, cuando son él y la otra cerda que lleva un año viviendo aquí los que tenían la cocina llena mierda cuando yo llegué. En fin, vivir para ver. Al rato ha venido mi (otro) nuevo vecino a preguntarme si había puesto yo el cartel, y ha flipado cuando le he dicho quién había sido, claro.
Tras una no muy copiosa comida (ya se encargarán la cerveza y el poco deporte de hacer que vuelva rulando a Madrid en vez de en avión) he vuelto a tirar para clase. Esta vez tocaba Real Time Programming, donde un viejete bastante listillo que se enrolla más que las persianas me ha explicado por quinta vez en mi vida académica como se maneja la memoria dinámica de una máquina. Parece que para el soplagaitas-minglanillas, que también estaba en esta clase, cómo no, tampoco era la primera vez, porque de nuevo ha vuelto a interrumpir varias veces al profesor para preguntar gilipolleces carentes de importancia. Tras esta apasionante clase yo debería haberme metido pal cuerpo tres horas y media de alemán, pero se da la casualidad de que hoy había un cóctel de bienvenida para alumnos de Doble Titulación e Infotech y pallá que me he ido. Allí, lo primero que he hecho ha sido meterme una copa de clarete pal cuerpo. Después, una hora y media escuchando a los máximos responsables de la universidad indicarnos cómo elegir las asignaturas (sí, esas que elegí en Mayo) mientras el puto minglanillas ponía de los nervios a medio sector español poniéndose hasta las cejas de Maltessers y agua con gas haciendo el mayor ruido posible. Me tenía que haber tomado un par de copas más. Y bueno, por comprobar si es cierto aquello de que el orden de los factores no altera el producto lo he hecho al final de la charla junto con unos cuantos canapeses que no estaban muy allá pero que han cumplido su cometido de hacer de colchón. Y esque tengo que acabar ya esta entrada como sea, que en cuarto de hora dieciséis litros de sangría y yo tenemos que estar en el cumpleaños de un chavalete turco que se ha propuesto que yo tenga resaca mañana en clase...en fin, que sacrificado que es uno...






















