Los jueces -corruptos todos ellos- irán apuntando el orden de 'llegada'. Hablo de corruptos, porque en las normas se especifica que los jueces han de serlo. Según el puesto se consiguen más o menos puntos, siguiendo un misterioso algoritmo que pocos conocen, pero fuera de esto, los jueces pueden otorgar (o quitar) a su libre albedrío puntos, según se les haga la pelota más o menos. Alguno estará pensando que esto así es bien sencillo, que no reviste ninguna dificultad: ¡los cojones! les digo yo. A parte de tener que beber la cerveza en menor tiempo que si se volcase la botella y se dejase caer por gravedad; no ahogarte al decir tu dorsal; tratar de lo que ha entrado, no salga por ningún otro orificio corporal, hay que añadir que no está permitido ir al baño -ni a cualquier otro lugar similar-a mear, ni comer -si quiera un cochino chicle- fuera de las etapas establecidas. Esto es lo realmente jodido, aguantar sin comer, sintiendo como poco a poco el alcohol se infecta el torrente sanguíneo, y como los riñones trabajan a destajo para filtrarla e ir llenando ese globo que tenemos por vejiga. Luego además está el llamado efecto grifo, que consiste en que una vez que abres el grifo para mear ya no se cierra, y los tiempos de espera entre unas ganas y otras se acortan de formas alarmante.
A todas estas penurias se ha de enfrentar el barathleta, tratando de ir superandose poco a poco, etapa a etapa, manteniendo su integridad, porque después de tres o cuatro etapas es cuando se empieza a ver dónde están los posibles candidatos para la gloria.

Este año, si no recuerdo mal, se apuntaron 32 barathletas de todas las clases y condiciones, e incluso alguna que otra fémina cervecera. También participaba por primera vez Victor. Había muchas caras conocidas de otras ediciones, pero también, este año más que nunca, caras nuevas, sangre limpia nueva y joven, renovando así a los que ya vamos estando mayores. Entre los veteranos, estamos el podio del año pasado: el campeón de las dos ediciones anteriores, con un esófago que ríase usted de Garganta Profunda, Foncu; el barathleta anteriormente conocido como Pelos, que ya pelos pelos, tiene muchos menos; y por último pero no por ellos menos importante (qué cojones, el más importante :-) el que escribe, que consiguió -debido a alguna meada fuera de etapa- un nada despreciable tercer puesto el año pasado. Tanto Pelos como Foncu, participaban pero no aspiraban a mayores cosas. Pelos, se nos hace mayor y ya no está para estos trotes, y Foncu se trajo a la familia, señora incluida, y fue más un día de relax y fiesta que una competición. Yo iba a por todas, aunque un catarro brutal la semana antes me había dejado un poco trapo. Esperaba por lo menos revalidar el tercer puesto del año pasado.
La competición arracó con puntualidad española -hora y cuarto más tarde- en la Facultad de Informática. Etapa esta, prólogo y por tanto no puntuable. Pasamos a Derecho. Gran facultad y mejor cafetería. Entramos en tropel los 32 barathletas, jueces, acompañantes y demás espontáneos, para el asombro de los derechos. Por motivos de espacio nos trasladamos fuera. Después de unos momentos de incertidumbre, enésimas explicaciones del funcionamiento y de algún que otro espontáneo sin pantalones (!!), da comienzo la competición.
Con paso (muy) lento pero firme (todavía sobrios), nos dirigimos a la siguiente etapa: Filosofía. Aquí, como en algunas otras cafeterías, hay que comprar las cosas primero en maquinita y con los papelitos que te da, ir a la barra. Un coñazo vamos. De aquí cogimos las chapas de los tercios para luego echar una posible partida a las chapas, que todo sea dicho de paso, soy un campeón en el arte de golpear la chapa.
Nos dirigimos a la tercera, Físicas. Mi querida facultad, así que jugaba en casa, había mucha presión y tenía que dejar el hígado bien alto. Otra vez el descontrol de ver quién tenía tercio y quién no, quién participaba y quién no; y es que controlar a treintaipico personas es una locura. Al final terminamos en el parque de Ciencias realizando la etapa. Tengo que decir que hasta ese momento estuve haciendo muy buenas marcas, sin bajar en ningún momento del tercer puesto. Victor también estaba dándole duro, unos puestos más abajo, por el quinto. Por fin llegó un momento de relax, y pudimos ir a descargar bien a gusto nuestras sufridas vejigas. Por ahora el efecto grifo parecía no hacer acto de presencia. Buen presagio.
Más 'ligeros' en la siguiente etapa, Químicas, ya el número de barathletas se notaba que había descendido ligeramente, pero seguía reñido. En Químicas no nos echaron porque son buenas personas -eso, o que estaban asustadas- porque allí sí que montamos una gorda. Realizamos la etapa en la propia cafetería, en plena hora punta, llena hasta la barra, y con un grupo de gente que nos trató de desafiar en cuanto a tercios consumidos. Hombres de poca fe. Rapidamente -evitando a los de Seguridad- nos dirigimos a la próxima parada: Matemáticas.
Llegabamos, sin saberlo, al ecuador de la competición. El número de participantes seguía disminuyendo. En esta cafetería nos trataron algo peor, ya que estaban algo coñones con eso de devolver los cascos vacíos. Si por lo menos nos diesen unos cromos de la Selección a cambio... Eso a parte de que, una vez fuera de la facultad, los bedeles salieron a decirnos que nos alejasemos más todavía (!?). Sin duda envidiosos por no poder participar. En esta etapa se nos unió Mon que andaba bailaba por la zona, para animarnos en nuestro duro devenir cervecil.
En la sexta etapa y con 2 litros del líquido elemento, la cerveza, en el cuerpo, se nos permitió cargar/descargar. Cargar energías con unos Pelotazos de lo más efímeros pero con los nutrientes que el cuerpo necesita. Y descargar esos dos litros de líquido transformados con tanto esferzo por nuestros exaustos riñones. Todo un alivio. También pudimos acercarnos a la barra a pedir unos bocatas, ya que los Pelotazos había incrementado el hambre. Una vez listos y en nuestras marcas, volvimos a la competición. Mucha gente, que seguía participando, lo hacía por eso, por participar y estar de fiesta, pero no trataban de puntuar, por lo que a veces se alargaba demasiado el ir y venir de una etapa a otra.
En Ciencias de la Información nos recibieron con un caluroso: "y esto ¿qué es? más que nada por avisar a los de seguridad ya o no". Todo hospitalidad. Después de deambular por los pasillos a lo Ángela Márquez, en Tesis llegamos a la cafetería. Allí los tercios son en lata. Así que la técnica hay que variarla. Aquí los velocistas dan paso a los de montaña. Empezamos a estar bastante 'alegres' y confiados en el paso firme de la competición. Ahora sí, el efecto grifo parecía empezar a tocarnos las... morales.
Las siguientes etapas, fueron Farmacia, Medicina y Odontología. Fueron muy rápidas ya que se nos pasaba la hora, ya que a las 18:30 muchas cafeterías cierran. En estas etapas a parte de que ya quedabamos poco del núcleo duro de la competición, hubo pocos sobresaltos. Si acaso, algún espontaneo -Lui$/080, conocido como el "borracho sin pantalones" y que iba en primer puesto- usando una fotocopiadora para estudios proctológicos -se fotocopiaba el culo vamos-, y algún retrasado que se puso a usar extintores en los pasillos de Odontología, haciendo creer a la osa/bedel de dormitaba en su pecera, que fuimos Victor y yo, ya que la despertamos de su letargo, sin duda una señal más de que la primavera está aquí.
Nuestro estado era lamentable. Algunas cosas como la vertical dejaban de tener sentido. Y como se hacia ya tarde, las etapas de Agrónomos y Bellas Artes, fueron eliminadas en un buen hacer de los jueces para volver sobre nuestros pasos, a la etapa final: el Paraninfo. Sin duda el paseo hasta allí fue una gran ayuda, aunque nos costó lo suyo. Una vez allí, y en un estado, si es posible, peor, dimos paso a la última etapa, pero esta vez sentados, y sin apenas poder distinguir de nuestros sonidos guturales el número de dorsal.
Por fin había terminado. Por fin nuestras vejigas eran libres cual conejillos para miccionar a diestro y siniestro. Porque había mucha luz, si no eso habría sido una cochinada. Mientras los jueces contaban y recontaban los puntos de cada participante, aprovechamos para comer algo y dejarnos caer en las sillas. Estabamos muertos borrachos. ¡Atención! ¡La clasificación! Victor quedó en un nada despreciable 4º puesto (¡olé!) y yo en el 2º (¡tomá!). En primer puesto quedó Lui$, el borracho sin pantalones, que por lo visto el año pasado no probaba ni gota de alcohol por lo que ha disparado los rumores de trampas. No sé, yo creo que era bastante borracho como para hacer trampas, pero quién sabe...
Hizo un día estupendo, y lo pasamos realmente bien. Sin duda una Barathon Popular de #sapoto en toda regla. Espero añadir algunas fotos cuando me las pasen, porque si no se ven algunas cosas puede parecer que se exagera, pero en una barathon todo puede pasar.
Ya me puedo dar por satisfecho con el resultado de este año, así que creo que ha llegado la hora de dejar paso a las siguiente generaciones, para que se diviertan y destrocen los hígados como nosotros lo hemos hecho. Así que anuncio aquí mi retirada oficial de la Barathon. Probablemente sí que participe el año que viene, pero de forma ociosa, y no oficiosa. Esperemos que siga creciendo y algún día tener patrocinadores y merchandising oficial, a parte de las camisetas. Y recordad,
12 facultades, un único hígado